Su nombre proviene de la palabra náhuatl xicamatl, que significa raíz acuosa. Existen registros de que la jícama se consumía en culturas precolombinas como la tolteca, mexica, maya y zapoteca. Es un tubérculo nativo del suroeste de México y fue llevado a Asia por los galeones hispanos que viajaban anualmente de México a las Filipinas; también se hizo popular en el mercado chino.
Pertenece a la familia de las
leguminosas Fabaceae, como el frijol, habas, garbanzos, etc., pero sus vainas
(hojas, tallo y semillas) no se consumen ya que contienen una sustancia tóxica
llamada rotenona con propiedades insecticidas y puede ser nociva para el ser
humano. Solamente la pulpa, es decir, la parte blanca, es comestible; por ello,
es importante lavar la cáscara antes de pelarla para no contaminarla.
En nuestro país los
principales estados productores son Guanajuato, Michoacán, Morelos y Nayarit.
¿Qué
hay en su interior?
Tiene un aporte energético
bajo, 55 calorías por 100 g, así que es una buena opción como colación,
acompañada con chile y jugo de limón, o como parte de una ensalada.
El 90% de este vegetal es
agua, además de hidratación (cuando tengas sed, puedes comer un poco de jícama,
calmará tu sed y quitará la sequedad en la boca) tiene proteína, fibra, calcio,
fósforo, hierro, Vitamina A y B, tiamina, riboflavina y niacina (ayudan a
convertir los alimentos en energía), ácido ascórbico (vitamina C), magnesio.
La vitamina C interviene en el
mantenimiento de huesos, dientes y vasos sanguíneos, ya que es un elemento
necesario para crear colágeno que entre sus principales funciones tiene la de
ayudar al proceso de cicatrización.
Por si aún lo dudas, estas son
sólo unas de las muchas razones para integrarla en tu dieta:
Se considera como fibra no
soluble, lo que significa que llega casi intacta al intestino grueso lo cual lo
convierte en una fuente libre de calorías. Además, la fibra es necesaria para
evitar el estreñimiento
Ayuda a estabilizar los
niveles de azúcar en la sangre, lo que resulta benéfico para personas con
Diabetes.
De acuerdo con la FDA (U.S.
Food and Drug Administration) consumir fibra promueve el movimiento intestinal
y reduce el riesgo de padecer enfermedades cardiacas. Un estudio de 2016 reveló
que quienes consumen fibra de forma cotidiana lograrán una vida longeva y
saludable
Además de la fibra, es una
excelente fuente de prebióticos. Hay una diferencia importante entre
prebióticos y probióticos; los primeros son comunidades de bacterias “buenas”
que viven de forma regular en el intestino, los prebióticos son el alimento
para estas bacterias de modo que mientras mejor alimentadas estén más sano
estará tu organismo.
Mantener el equilibrio de la
flora intestinal protege al cuerpo de infecciones en el tracto digestivo. La
jícama es rica en inulina, un tipo de fibra prebiótica.
Cuando se presentan los
ataques de hambre, tener jícamas cerca puede ser la mejor opción. Al ser un
vegetal de bajo índice glucémico y alto en fibra se logra saciedad con un
mínimo de calorías y azúcares, lo hace ideal para personas con Diabetes.
De acuerdo con la Guía de
Alimentos para la población Mexicana publicada por el Instituto Mexicano del
Seguro Social (IMSS) la recomendación es consumir ½ taza al día.

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